Estimados amigos, les envío un cordial abrazo, esperando que este 2013 este lleno de ilusión, de nuevos proyectos y sobre todo de paz basada en la fe.

Comienzo en lo personal con 2 proyectos que quisiera compartir, uno es el de mi tercer libro, enfocado a los deportistas pero en el sentido trascendental, veremos. Otro es el de una nueva franquicia que hemos comenzado a trabajar, les pido por favor me encomienden a mi y a mi equipo para todo salga bien en todas las dimensiones de la empresa.

En fin, retomando el tema al cual se refiere el título del presente “post”, ayer en la oficina tuve un suceso muy curioso que me hizo reflexionar sobre como estamos haciendo las cosas en la empresa donde colaboro como consultor. Llego una persona comentándome que ya no podía estar en su trabajo, que no encontraba en los procesos una “planificación adecuada”, que no entendía el camino de la empresa y que las decisiones solo eran tomadas por unos “jefes supremos” que eran intocables y que poco se les veía en el plano de acción, es mas que no se les podía dar una opinión, mucho menos comentar un área de mejora, en algún momento la empresa creó sus “vacas sagradas”.

Independientemente del funcionamiento del gobierno de personas y las personalidades en los puestos directivos me llamó la atención lo poco que se le había hablado a la persona en cuestión, a lo largo de “DIEZ AÑOS”, de lo que tenía que hacer (dar instrucciones claras), el lugar que ocupa en el organigrama y a donde puede llegar, de lo que se esperaba de él, de que alguien se preocupara por su persona, por su trabajo y sobre todo que lo miraran a la cara, se sentía un desconocido, y he de confesar que era la primera vez que yo  escuchaba, incluso de sus  ideales, valores y hasta de su religión, nunca le enseñamos a trabajar y mucho menos lecciones sobre el producto que ofrece la empresa.

Sinceramente fue una mezcla de emociones, ya que por un lado pudimos conciliar la situación, pero por otro lado me di cuenta que tan común en el funcionamiento de la mayoría de las empresas en México es desperdiciar el talento, dejar ir personas, pero sobre todo de un liderazgo lejano que no tiene nada que ver con dirigir personas, incluso los “jefes de estado” se escudan bajo el “para eso están los otros directores, yo debo de tomar decisiones, para eso me pagan, que te atienda tu “Jefe””, uno de los errores mas graves, incluso de caridad.

Debemos de tener cuidado y dejar de lado el paradigma de lo abstracto y dejar el concepto de “gran empresa”.

Para cualquier aportación estoy a tus órdenes en emorar@me.com

Saludos y hasta la próxima.

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