Hijo pródigo

Hace algunos años tuve la alegría de leer a Henri Nouwen en su obra “El regreso del hijo pródigo”. Recuerdo mi sorpresa y la reflexión que me ayudó a comprender la realidad en la cual viví como persona y después como deportista hace algún tiempo y ahora como profesor y empresario, mis conclusiones fueron las siguientes:

El hombre no puede contestar todo lo que le exige la sociedad hedonista (búsqueda del placer por el placer), permisiva (cada quien su vida, y el engaño de que todo es relativo, todo se permite) e individualista (con la bandera de la competitividad), nos aleja de la dignidad de la persona y sobre todo reduce al ser humano a una cosa que se puede manipular, un objeto de placer o de un amarillismo mediatico social (como es el caso Armstrong). Imposible que el ser humano sea guapo, tenga dinero, tenga  la mujer perfecta, juegue bien al futbol, al tenis, sea gran atleta, tenga mucho dinero, tenga un closet lleno de ropa, sea respetado, sea fuerte, tenga músculos, etc, es imposible, esto incluso es poco natural y los que entienden el sentido del dolor saben que es precisamente  la adversidad, que es una gran maestra, lo que nos hace mejores, no los caprichos de la sociedad o los personales. Si fuera el caso de una persona que quiere contestar todo esto, es inevitable que termine frustrado y que al querer contestar todo lo que le “exige” esta sociedad termine usando drogas (vale la pena profundizar en el estudio de este  comportamiento, pero el presente escrito da una idea clara de lo que quiero decir, en caso contrario recomiendo leer el libro del autor mencionado).

En mi libro Educación y deporte en México, menciono el proceso metódico, donde los entrenadores y algunos padres de familia (muchas veces incluso de manera inconsciente), usan o manipulan a los niños o adolescentes para obtener beneficios materiales o mentales (medallas y dinero o simplemente aceptación o satisfacción), dejando de lado la educación basada en valores y virtudes. La mala práctica deportiva (o cualquier actividad mal entendida, vista como un fin) potencializará y resultará en personas incompletas, lastimadas emocionalmente, físicamente y sin un fin trascendental al cual seguir, ya que la virtud se transformó en vicio.

La familia, entre menos exigencia tenga para lo mundano y deje que sus miembros se parezcan más al modelo “utilitario” de la actual sociedad, menos hace su trabajo y colabora a la infelicidad de sus miembros.

Si esto pasa en México, incluso a nivel estatal, no me parece raro que tengamos millones de Armstrongs en el deporte infantil, juvenil y claro, en nuestros trabajos y en nuestro entorno, informémonos para no volvernos todos unos LIESTRONGS.

Quedo a sus órdenes, mi correo es emorar@me.com

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