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Cada día recibo correos e invitaciones de “coaches” para “conectar” en las redes sociales, he sentido curiosidad dado que alguno de mis “preceptuados” vive actualmente en un proceso de “coacheo” o “coachee”, y revisando en google keywords me he sorprendido cuantos empresarios o padres de familia confían en estos “coaches”.

Yo mismo he tomado algunas capacitaciones educativas (educación=”potenciamiento” continuo del ser humano haciendo uso de su libertad con el objeto de ser lo que debe ser en todas sus dimensiones) donde los mismos maestros son “mentores” y “coaches” reconocidos a nivel mundial. Los resultados han sido variados, por ejemplo después de tomar una capacitación maravillosa con IDENTITAS, he tomado otro “seminario” bastante “superficial” y “mundano” en reconocido Instituto de Estudios Superiores.

Con mi experiencia, ciertamente limitada, como gestor puedo comentar lo siguiente:

El coaching es un término acuñado en USA, basado en las enseñanzas de varios educadores, mentores de empresas (recordando por ejemplo a Stephen Covey -qepd-) e incluso tomando de referencia a los entrenadores deportivos de éxito, ya que, al tener que trabajar con diferentes personalidades/temperamentos lograron infundir/inspirar/motivar cierta dirección a algún equipo de trabajo y ganar campeonatos o cumplir objetivos. Estos entrenadores poco pueden ofrecer al momento de la verdad, ya que lo que nos pueden dar es un pragmatismo desmedido y sin reflexión (como lo comento en mi libro sobre Educación y deporte), teniendo como evidencia tantos deportistas olímpicos vividores de glorias pasadas o con vidas “destrozadas” fuera del deporte, sin mucho que ofrecer fuera de lo material o lo hedonista (con sus contadas excepciones).

Este concepto como todo lo “humano” sufre el riesgo de corromperse o que simplemente sea pura dialéctica que cualquiera pueda utilizar a su antojo (o incluso crear organizaciones o certificaciones basadas en un posmodernismo ciertamente peligroso).

Metafóricamente, recuerdo las enseñanzas de Carlos Llano Cifuentes*:

“Al parecer, lo inquilinos de un lujoso edificio de oficinas se quejaban continuamente por la lentitud de los elevadores. Cuando estaba a punto de cambiarse la maquinaria por otra mejor y más costosa, intervino el consultor: poniendo espejos donde se aguarda el ascensor, la gente comienza a mirarse. El tiempo se ocupa y la sensación de espera se difumina. Los usuarios no se impacientan. No hace falta comprar maquinaria especialmente rápida.

Ignoramos si los elevadores eran realmente lentos o si los inquilinos eran realmente impacientes. En todo caso, el asunto primordial era determinar si los ascensores eran adecuados para las necesidades del edificio. Por lo visto, el consultor no se preocupó por determinar este punto. “Resolvió” el problema a su estilo”.

“…en muchos lugares la llamada ética de los negocios ha sido introducida como “espejos para elevador”, es decir, ha sido colocada para tranquilidad de las conciencias y no para transformar la organización y, mucho menos, para cambiar los comportamientos inmorales a partir de cambios de convicciones y la formación del carácter de sus miembros”.

Ahora bien, ser un coach, consultor o mentor, no debe significar ser perfecto o saber todo, al contrario, significa que nos hemos equivocado mucho y tenemos la humildad para aceptarlo y aprender sobre estas experiencias, he ahí la palabra clave: experiencia, que con una continua reflexión soporta el estudio/aprendizaje necesario. En la actualidad, sinceramente y después de observar y escuchar la ética de los negocios actuales confiaría más en un educador que sabe que no siempre el cliente tiene la razón (muchas veces se molestará al escuchar algo que no desea), y que el camino siempre es el mismo (la educación y la felicidad) que en un “coach, consultor o mentor”.

Al final deberemos responder con nuestro testimonio (también familiar y social), ya que si hemos sido congruentes, deberá de notarse, incluso desde el saludo inicial y pasado el tiempo con el apoyo a nuestra misión personal.

Quedo como siempre a sus órdenes en el correo emorar@me.com

*C.Llano, H. Zagal, El rescate ético de la empresa y el mercado, México, Trillas, 2004.

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