Por: Jorge E. Mora Reyes

Foto: Getty images

-Había comentado el conferenciante que la ética se vive siempre en las actividades casuales, en los pequeños detalles de la vida, en el minuto a minuto.

Termina su conferencia, responde las preguntas, recoge su material, las llaves de su carro, espera unos minutos y sale por la entrada principal, le quita, a distancia, la alarma a su carro, conforme se acerca al automovil prende su cigarro y escucha una voz: “¿Qué le pasa, llevo una hora tratando de entrar a mi casa, ya le marque a la grua para que se lleve su carro, que no ve que es entrada particular?”.

El conferenciante en cuestión contesta:

-Ya señora no sea mal educada, compórtese, ya está grande, me muevo y se acabó el problema.

La señora se queda perpleja…

Hace algunas semanas, compartí en este mismo “blog espacio”, el como a nivel empresarial, las personas se han acostumbrado a la corrupción, para bien o para mal, me refiero a que, se acostumbra a las malas maneras y lucha contra ellas o se acostumbra a ellas.

En el caso anterior, que de hecho es más común de lo que pensamos, podemos observar el como la corrupción (en este sentido la falta de respeto, el ir en contra de las normas y el desprecio por los valores y el estado) es ya tradición, por una mayoría.

Es verdad que es solo una generalización, me consta que hay personas, empresarios, empleados, profesores, etc. que luchan cada dia en contra de esta corrupción, aunque no es sencillo ya que ha permeado todas las esferas y dimensiones humanas pasando por el gobierno hasta nuestros vecinos e incluso en nuestras casas y familias.

Basta con observar a los “pilotos de carreras” que hay en las vias rápidas o en los fraccionamientos donde vivimos; los padres de familia que se estacionan en doble fila para no tener que caminar o esperar a sus hijos al salir de la escuela; los “vivales” o “astutos” que invaden carriles o se “meten” en el carril a pesar de haber tomado otro con una dirección distinta, esto con el fin de “ahorrar” lugares  ya que su tiempo es más importante que el de los demás; es innegable como a nivel gubernamental los presidentes municipales escogen los puestos por amistad y no por aptitudes; los ciclistas  y “motonetos” que no respetan sus zonas;  los peatones que no respetan las aceras, los puentes y las zonas para cruzar de calle también son parte de la lista; y así la lista va en incremento.

La corrupción abarca todos los sectores y estratos de la sociedad, ayer mismo un BMW casi choca conmigo por que el “piloto” contesto su celular, y al darse cuenta de que casi hay una colisión me grito un -“fíjate”, volteándome a ver como diciéndome: ¿qué no vez que me están marcando?: quítate…espero que no me  haya querido dar el mensaje de:

-tengo mejor carro que tú, puedo hacer lo que yo quiera, valgo mas que tú…

¿Donde lo he visto?, unos por tener recursos y otros por no tenerlos, todo esto, es corrupción y algo más.

Todo esto es desprecio por el estado y lo queramos aceptar o no, justificar o no, es parte de nuestra vida diaria.

Se agrava el caso cuando el ambiente reinante es el del utilitarismo y  relativismo además del poder de los medios de comunicación y la falsa idea de la educación, la cultura, la belleza y el amor. La literatura empresarial o de liderazgo, incluso de consultores o de coaches en su gran mayoría terminan por eliminar palabras como: bien o mal, vicio y virtud, y terminan por “vender” ideologías incompletas, con una falta de estructura firme y compacta, confunden la plenitud y la antropología social, es, como lo dicen los especialistas: oportunismo.

“Cuentan las malas lenguas que la corrupción mexicana hunde sus raíces en la conquista. Cortés atormentaba a Cuauhtémoc y, enfadado, el conquistador se dirige al interprete: “Rediez, dile al indio este que si no me dice dónde está el oro, le voy a hechar lumbre a sus pies.” El interprete indígena traduce del castellano al náhuatl; el emperador azteca responde presuroso dando santo y seña del lugar del tesoro (en náhuatl). El interprete voltea hacia Cortés: “Responde mi emperador Cuauhtémoc que es muy valiente y que no le tiene miedo a tu lumbrecita”. El intérprete se quedó finalmente con el tesoro.”*

Es fundamental reconocer la realidad, formar el carácter, aprender a pensar (intelecto) pero sobre todo aprender a luchar; recordando que lo único que rige la moral (ética aplicada en todas las dimensiones) es la religión bien entendida (en esta caso la mal entendida sería la extremista/asesina o la que no tiene compromisos con ninguna norma, agnóstica y relativista).

Se dice más fácil de lo que es, pero no hay otro camino, al final sabemos que vale la pena.

Recomiendo, para profundizar en el tema, las obras de Carlos Llano C., Rafael Llano C, José Ramón Ayllón, Jose Pedro Manglano, Domenec Melé, Albert Michel, Ricardo Crespo y Arturo Damm.

Quedo a tus órdenes en emorar@me.com

*C. Llano, H. Zagal, El rescate ético de la empresa y el mercado, P.111

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