ChessCuando era pequeño mi abuelo me decía que todos los extremos eran malos. Después leyendo Ortodoxia de Chesterton me encontré con un sentido común envidiable, el cual denunciaba de nuevo el famoso extremo racional, la lógica utilizada para explicar todo.

Hoy en mi curso de antropología de la dirección y en antropología filosófica les recuerdo a mis estudiantes más avanzados que si hemos ocupado mucho tiempo leyendo sobre filosofía y/o lógica es recomendable leer sobre temas mundanos (que no es lo mismo que leer cualquier cosa), pero más recomendable todavía es leer poemas o incluso fantasía, todo esto con el fin de “relajar” la mente, pero sobre todo para enfocar. Es común para los estudiosos del ser humano que muchas veces entre más cerca te encuentres de comprender algo más alejado te encuentra y por otro lado sucede un “cansancio” emocional que se debe de evitar.

Hace unos meses compartía cátedra con uno de esos “locos” del estudio, gran profesor pero un poco “retrasado” a nivel social y emocional, siempre buscando “rebatir”, siempre se sentía atacado, tratando de “corregir” y sobre todo, algo que le llamaba la atención a los alumnos: falsa humildad, al decir:…”solo soy un pobre estudiante de la materia, ustedes comprenderán”.

Bien, este precisamente es el camino que quiero evitar, y me parece que toda persona que esté en su lucha por la felicidad: cuidado con el pretender ser el cínico hombre de mundo, escéptico, diplomático, político, etc. Se nota demasiado la “pose” y se convierte al hombre en un elitista que deja de observar que  la persona de enfrente es un “hijo de Dios”, deja de ver las virtudes de las personas y  se encierra  en sí mismo, y una persona solitaria por voluntad propia pierde progresivamente parte de su humanidad.

Ya lo decía Dryden: “El gran sabio está frecuentemente próximo a la locura”

En la modernidad de los tiempos, se habla hasta el hartazgo sobre el intelecto y su desarrollo, olvidándonos de las otras esferas humanas que hacen al hombre único y maravilloso, diría San Josemaría Escrivá: “…niños cabezones”, hemos de acompañar el intelecto con todas las virtudes (recordando también la caridad) y no desequilibrar las potencias del ser humano.

Cuando el hombre confía demasiado en si mismo posiblemente sea por que ya está un poco loco, y la locura es una patología, aunque los medios y las “modas” nos quieran hacer ver lo contrario.

No pretendo justificar a aquellos que mintiéndose creen que si estudian un poco se vuelven locos o a aquellos que sufren de pereza intelectual y mucho menos a los ciegos o sordos por voluntad propia, no, simplemente recomiendo no caer en los excesos y guardar distancia del vicio de la vanidad intelectual y la arrogancia.

Citando a G.K. Chesterton:

Los poetas no enloquecen, los jugadores de Ajedrez sí.

La poesía es cuerda, porque flota sin esfuerzo en un mar infinito; la razón pretende cruzar el mar infinito y hacerlo así finito.

El poeta solo pretende entrar su cabeza en el cielo. El lógico es el que pretende hacer entrar el cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que revienta.

Quedo a sus órdenes en emorar@me.com

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