Perrin

Después de esperar 40 minutos el camión que me llevaría a la Universidad, me puse a pensar como llegaría la próxima vez a tiempo a mis clases. Pasados 10 minutos pasó la “ruta” “atascada” de gente y a una velocidad poco prudente, rebasando de izquierda a derecha y “agandallando” lugares para llegar “a tiempo”(después me enteré que las empresas de transporte en mi estado descontaban del sueldo del chofer cada minuto que llegue tarde), hice la parada, esperando caber en ese “contenedor” humano…me hice ilusiones de llegar al menos a mi segunda clase a la universidad…tristemente, el camión, que casi atropella a una señora que imprudentemente estaba tratando de pasar al otro lado, siguió de largo a toda velocidad.

Muchos prejuicios pueden salir de esta anécdota que pasó hace ya varios años cuando estudiaba el posgrado, sin embargo sabemos que la realidad no es tan simple, que el ser humano es muy complejo y que los sistemas “analíticos” de trabajo crean sistemas ineficientes al no considerar esta humanidad. Así se me figuran los actuales “economistas” que ahora creen que saben de teología, de la misma manera de la cual creen que saben de la “realidad”.

Los hechos graves, y no graves hechos, que se han presentado en la actualidad, en los temas financieros y económicos no han podido resolverse gracias a estos “especialistas” de la economía, esto simplemente sucede por que no tienen ni idea de la realidad de millones de mexicanos y mucho menos de la vida. Estos “economistas aristocratas” siempre han vivido -y viven- alejados de la realidad, en la teoría, en un “puesto” donde las habilidades son “subjetivas” y pueden observar e imaginar la realidad, pero no vivirla, al menos no en la realidad de la mayoría que es de donde estos economistas sacan “sus” números.

Hace algunos días leí con alegría la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, un documento con alto nivel intelectual, enfocado a la doctrina social de la iglesia -donde nos encontramos los miembros de la iglesia militante que somos todos los católicos laicos- y a las personas que encuentran en los católicos un refrescante clima de camaradería, comprensión y una dosis de realidad “natural” -sin dejar el enfoque trascendental-, a unas horas de la exhortación algunos economistas llenos de opiniones y palabras vacías se han entonado para decir que están en contra de lo que dice el Santo Padre. Vaya, teólogos, economistas, sociólogos y hasta profetas han salidos estos “economistas aristócratas”, que de entrada nada tienen que ver con la gente trabajadora, se les olvida, como de costumbre, que la economía no podría existir sin la buena dosis de confianza que da la moral (o la ética como le llaman las instituciones laicistas), sin esta confianza, reinaría un escepticismo que desembocaría, otra vez, en divisiones sociales, y así mismo divisiones políticas (ya de por si). Todo tiene que ver, menos de economía y finanzas. Es por eso que en mi curso de Empresa, siempre les comento a mis alumnos: “las clases más importante no son las de finanzas, economía, ni si quiera la de las matemáticas, son la de teología, moral o desarrollo humano, ya que estas soportan a todos los sistemas políticos, económicos y sociales”, tomando esto como referencia, se entienden desde el punto religioso el porqué los sistemas son fácilmente corrompibles: el factor humano capaz de lo mejor y lo peor, y sin la brújula de la moral…mejor ni imaginar (aunque ya es una realidad en varios países).

Repasando a Chesterton (Ortodoxia) recordé que el tema de los “economistas aristócratas” siempre han existido:

Hablando de Marco Aurelio: “Su dignidad, su cansancio, su externa y triste preocupación por el prójimo, y su incurable preocupación interna por sí mismos, todo era efecto de la Luz interior, y todo eso existió solamente a merced de esta lúgubre iluminación. Nótese que Marco Aurelio insiste (como lo hacen siempre los moralistas instrospectivos) sobre pequeñas cosas hechas u omitidas; es porque no siente ni odio ni amor bastante para obrar una revolución moral. Se levanta por la mañana temprano del mismo modo que se levanta por la mañana temprano nuestros propios aristócratas que viven la Vida Sencilla, por que tal altruismo es mucho más fácil que suspender los juegos del anfiteatro o que devolver al pueblo ingles sus tierras. Marco Aurelio es, el más intolerable de los tipos humanos.

Es un altruista egoísta. Altruista egoísta es un hombre cuyo orgullo carece de los atenuantes de la pasión”

No solo debemos ver hacia adentro, sino también hacia afuera y contemplar con asombro y regocijo una compañía divina y  a un divino capitán, decía G.K. Chesterton.

Prometo citar menos (un poco) al apostol del sentido común.

Quedo a sus órdenes al correo de siempre o en los comentarios del presente post.

Que tengan una excelente semana, nos vemos en quince días.

Atte.

Jorge Edgar Mora Reyes

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