Foto: Getty images

Dicen que cuando termina nuestra vida durante algún tiempo pareciera que todavía existe calor, incluso que todavía vivimos, si tuvimos una enfermedad o crisis se ve como todos los músculos y la vida humana descansa. Pero con el paso del tiempo el cuerpo se va poniendo frío va perdiendo “flexibilidad”, se pierde la vida biológica, para los creyentes católicos solo se  ha perdido el cuerpo, mas no el alma.

Bien, parece que muchas sociedades están rígidas, hundidas en un mar de tristeza, demasiado ocupados por hacer, por sentir, por “vivir”, entregados única y últimamente en sus “ideas”, “realidades”, encerrados en sí mismos, sin tomar en cuenta a los demás, se han puesto a nivel de los “divino”. Tan informados y tan solos.

He visto jóvenes tan blancos, y a veces tan delgados, y frágiles en todas las dimensiones humanas que no me extraña que estén tan de moda los Zombies. Después de tanto tiempo frente a la computadora y a las nuevas tecnologías, manejando redes sociales o aplicaciones, o en las consolas, escuchando “música”, al salir al sol estos “jovenes” que son nuestro presente, los “nuevos empresarios o empleados”, no conocen su realidad, creen que lo virtual es la única “verdad” ( ahora se han aventado el “mote” de “realidad aumentada”).

Por otro lado los “adultos” parecemos adolescentes tardíos, emocionados con las nuevas tecnologías, que ahora nos hacen permanecer “hiper informados”, pero no comunicados, alejados “in facto” de nuestras familias y amigos, hablando en todo momento, pero…escuchando muy poco, actualmente se oye poco de virtudes fundamentales: fortaleza, prudencia, justicia y templanza…del pudor mejor ni hablar. Si no nos escuchamos a nosotros mismos, ¿cómo escucharemos a los demás?, y para los creyentes, ¿cómo escuchar a Dios?

He comentado en diversas publicaciones de como la sociedad se ha vuelto una excelente “justificadora”, y los “zombies” digitales caminan sin reflexión hacia los extremos de las ideas alejándose de la verdad y la realidad.

Los estudiosos de la sociedad se han dado cuenta que es un proceso cíclico, hemos cometido estos errores continuamente, y aunque hemos avanzado en temas del progreso tecnológico y en la acumulación de conocimiento a veces no nos damos cuenta del sufrimiento de nuestro prójimo (la persona que tenemos más próxima) y en esto no hemos avanzados, incluso confundimos filantropía con caridad, posiblemente hayamos retrocedido, ya que ahora, tenemos mucho ruido, “hiper informados”.

Hace unos días, un amigo, director de una empresa internacional, me decía, ¿cómo puedo formar de una mejor manera a mis gerentes?, mi respuesta fue inmediata: escúchalos, aprende e interésate de una manera real con ellos. Dales tiempo, que te cueste, pierde un poco de dinero pero gana un pedazo de cielo. Gana la amistad de un hombre para acercarlo a la verdad, conócelo, “construye puentes”. Te aseguro que tus colaboradores serán más productivos y tú un mejor directivo, empresario, profesor, padre, madre, ingeniero, contador, artista, arquitecto, etc.

Claramente es lo mínimo que se le pide a un padre de familia: que escuche a sus hijos en cantidad y en calidad.

Para transformar la sociedad hace falta transformarnos nosotros mismos, no hace falta gran cosa, hemos de recordar las palabras del santo moderno, San Josemaría Escrivá de Balaguer:

“Las almas como el buen vino mejoran con el tiempo”

Pero  hemos de tener cuidado de no avinagrarnos justificando lo que nos apetece o ideamos, hay que aprender a escuchar, mientras nuestro cuerpo está aquí.

Quedo como siempre a tus órdenes en emorar@me.com

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