BurritoAcabo de regresar de una estupenda actividad formativa: el descanso, sí, el descanso es tan importante que nos permite contemplar con cierta claridad, si hay rectitud de intensión, el mundo al que pertenecemos, y contemplar es darnos cuenta de la realidad, es por eso que debemos ser “almas contemplativas”.

Después del sano descanso donde las actividades cambiaron diametralmente y pude jugar con mis hijos, atender a otro tipo de clientes, ir con tranquilidad a los oficios de semana santa, sonreír mas, tuve también la oportunidad de ser “cliente” y desde un nivel personal pude analizar algunas percepciones equivocadas que el ambiente “empresarial” tiene sobre lo que es el servicio al cliente. Antes de seguir conviene aclarar que no hemos de confundir la humildad con lo fauto, con el servilismo o con la falta de carácter.

Fue divertido llegar a mi oficina, donde hemos contratado a nuevos aspirantes para trabajar con nosotros, llegué de shorts con gorra y cargando a mi hijo, los jóvenes que me atendieron no habían recibido la información completa de la “empresa” en la cual iban a trabajar y mucho menos me conocían, no sabían quien era el fundador o lo que hacía, así que cuando entré a la oficina me miraron absortos y sin preguntar nada me dijeron: -No puede estar aquí, salga por favor.

Seguí con el “juego” unos minutos más:

-¿A qué se dedican?

-Somos una consultora

-¿Cómo?, ¿pensé que se dedicaban a la formación directiva y familiar?

-No, y solo atendemos a empresarios, ¿puede por favor salir?

-Con todo gusto, solo paso a mi oficina por un libro que se me olvido y me iré

Al ver como saqué mis llaves y me dirigí a la oficina del director se quedaron absortos, lo curioso es que no escuche una disculpa, ni mucho menos. Lo que pasará con estos aspirantes dependerá de sus aptitudes y actitudes, no solo de la opinión del director, sin embargo he de decir que ya tienen un gap en contra.

Esto es muy común en nuestra “sociedad” globalizada y despersonalizada, nuestros hijos están educados hacia el materialismo, individualismo, pragmatismo y hedonismo, de servicio a los demás y de humildad se oye poco, de voluntad y conciencia ni hablar.

Hablando exclusivamente de la empresa solemos olvidar lo siguiente:

Somos tan atrevidos que nos comparamos con cualquiera sin observar nuestras verdaderas “prestaciones”

Compararse nunca es bueno, como diría San Agustín, si me comparo con los de arriba me deprimo, si me comparo con los de abajo me llena de soberbia

A nivel religioso, Jesús ya lo decía: el primero de todos es el servidor de todos, el que sirve a los demás, el que quiera ser el primero que sea el último

Pero que difícil para nosotros es caminar unos metros de donde dejamos el auto estacionado hacia el banco, o a la entrada de la escuela, dejar pasar a la dama primero, levantarnos y dar el lugar a los abuelos o simplemente a los mayores, que difícil es tener paciencia con el que no sabe, y todavía mas difícil es observar las verdaderas necesidades de los demás. Me sucedió como mentor de algunos jóvenes de preparatoria y de secundaria, donde evidentemente la falta de voluntad son un tema fundamental, algunos padres se olvidan de estos temas y justifican a los hijos generando hijos frágiles, con alta autoestima y caprichosos donde el mensaje que les enviamos es: hagan lo que quieran, no hay límites, si no cumple con sus compromisos (aunque sea por actividades “importantes”) no habrá “consecuencias”, también como “coach” de atletismo infinidad de veces los padres de familia me “exigían” colocar a sus hijos en competencias, ya que tenían un gran talento, mi argumento siempre fue: sin el sacrificio, esfuerzo y disciplina del entrenamiento no hay nada que evaluar en la competencia deportiva, el deporte pierde todo valor si le damos más importancia al “ganar” o al participar que al esfuerzo, en mi experiencia he comprobado durante 12 años que estos jóvenes terminan alejados de la familia, con vicios, deprimidos, y los padres, bueno, alejados de toda realidad, independientemente de las obras de filantropía que realicen.

El que quiera ser importante que se exponga a servir. Los importantes (en este mundo mundano) no son tan importantes.

Ser importante significa tener una vida valiosa, y una vida valiosa significa tener amor por lo demás, el amor bien entendido, el verdadero “servicio al cliente”: un honesto en que te puedo servir (sin intereses ocultos), estoy para lo que necesites siempre y cuando sea verdaderamente bueno para ti, me buscaré tiempo para ti, pondré todo mi esfuerzo y luchare en medida de mis fuerzas (que generalmente son escasas sin la ayuda de Dios), y me pondré a estudiar  para conocer la realidad y no hablar por hablar (aunque a veces duela).

Siendo así, los malos servicios y las misiones incongruentes de las empresas quedan muy mal paradas.

Tenemos mucho que hacer.

Quedo a tus órdenes en emorar@me.com

Twitter: emorar

Facebook: JorgeEdgarMoraReyes

Nos vemos el mes que entra.

 

 

 

 

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