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Por: Jorge Edgar Mora Reyes

Arte: Wayne Edson Bryan

Decía G.K. Chesterton por medio de uno de sus personajes: “…sólo hay cuatro cosas necesarias: unas latas de salmón en caso de hambre; una pistola con municiones para caso de guerra; una botella de brandy en caso de decaimiento; y un sacerdote para caso de muerte”.

En una reunión familiar escuchaba las muchas “necesidades” que hemos “creado”, sin ser una realidad, como por ejemplo: un automóvil, el celular, la coca cola, ropa fina, tenis carísimos, una computadora, tabletas, y la lista sigue, sigue y sigue.

Tal vez abría que entender los conceptos de lo necesario y lo superfluo, que durante una etapa social se haya generado la costumbre del uso de diversos objetos no da validez a las personas para considerarlos necesarios, todo esto se complica cuando las personas no hacemos un uso correcto del lenguaje y con la anarquía reinante en la mayoría de los hogares dejamos de poner atención a las reglas de convivencia mínimas, ya ni siquiera hablemos de gramática o de lenguaje (los elementos básicos de la educación). Cuando les pregunto a mis conocidos “empresarios” sobre los libros que han leído este mes, me fruncen la frente, abren los ojos, cambian a una actitud defensiva y me dicen: “a que hora quieres que lea, si tengo empresas que dirigir y una familia que mantener, no hay tiempo para eso, además estoy haciendo una maestría, ya con eso tengo”. Como anotación extra, te reto, querido lector a que leas un libro cada mes, veras la gran diferencia de perspectivas y una mejor aproximación a la realidad, siempre y cuando se cuide lo que se lee, no todos los libros son adecuados; por lo general la falta de tiempo no es otra cosas que desorden mental, de prioridades y de recursos.

Regresando al tema principal, la generalización, costumbre o conveniencia no vuelve imprescindibles a las cosas, por ejemplo: el trabajar es imprescindible, pero tener un auto no lo es, pareciera  que sí, en una ciudad como la nuestra donde las distancias son muy largas, pero las opciones son diversas, no es una necesidad, es conveniente tener automóvil para trasladarnos ya que hemos tomado decisiones como las de vivir en casas de 5 cuartos cuando solo vivimos 2 personas en el bien raíz, alejados de la ciudad, o tener 2 ó 3 carros, medios de transporte para cada miembro de la familia, esto es una generalización de la clase media alta, pero no es una necesidad; otro ejemplo es el de la comunicación, todo ser humano necesita comunicarse (consigo mismo, con otros, con Dios), pero no es fundamental tener un celular, aunque la presión social así nos lo haga creer, comenzando con las personas que usan los medios y la mercadotecnia para engañar o manipular.

Las redes sociales y las tecnologías de información tienen el gran beneficio de acercarnos a otras realidades, comunicarnos desde grandes distancias, ver la imagen en pantalla de las personas que queremos, aprender de manera virtual, ofrecer servicios de información gratuitos, videoconferencia, apoyar y aportar a larga distancia, etcétera, sin embargo no son necesarias, si estos beneficios son vistos como absolutos, como fines en si mismos, cometeremos el error de obscurecer el intelecto y alejarnos de lo verdaderamente importante: acercarnos al contacto humano sin dejar de ver a lo mas próximo, a nuestro prójimo, a nuestra familias, amigos, nuestra comunidad, pero sobre todo a nuestra persona, con tanta música, información, pantallas, juegos, proyectos, eventos de entretenimiento…no guardamos silencio y esto no permite que  “dialoguemos” con nuestros mas íntimos pensamientos, reflexiones, sentimientos y emociones.

Ya lo decía Tomas de Aquino, acertada y valientemente: “No por haberse generalizado lo superfluo adquiere carta de naturaleza, cuando la generalización ha sido hecha por una multitudo stultorum”. Un ejemplo sencillo pero muy “común”, desgraciadamente, es la ideología de genero y el hedonismo, donde se confunde la naturaleza del hombre por un estilo de vida basado en el placer superfluo y fugaz (donde las causas habrá que analizarlas en otro momento), por decir apenas uno de sus problemas. si se quiere profundizar en este hecho recomiendo a Enrique Rojas y su libro “El hombre light“.

Con el exacerbado uso de la estadística, promocionado por las tecnologías de la información muchas veces compramos cosas solo por el hecho de  que nuestros vecinos las compran, esto nos deja muy mal parados como “sociedad”, ya que, “¿dónde queda nuestro desarrollo intelectual y supuesto progreso?”.

Hay que considerar que no todo lo hecho por la “técnica”, lo artificial, es superfluo, existen modos artificiales de satisfacer necesidades, como indirectamente abordé en los párrafos anteriores con los ejemplos de las tecnologías de información, el celular y el medio de transporte que evidentemente están pensados para la sociedad, no hay que olvidar que estas tecnologías o cosas hechas por el hombre son para el servicio del hombre, son medios para un fin, muchas veces las instituciones y sociedades mercantiles o comerciales se olvidan de esto, en mi caso familiar extendido, con el que comencé el texto, hemos perdido foco, y volver a enfocarnos nos costará mucho trabajo, sin embargo, como recomiendo a las personas que me piden apoyo en orientación familiar o en consultoría: lo primero es conocer la realidad para rectificar, o como lo he mencionado en varios artículos: “vivir en la realidad para ser feliz“.

¿Tú, cómo puedes ser factor de cambio en tu comunidad?

¿Piensa globalmente, actua localmente?

Vaya reto el que tenemos.

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