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Por: Jorge Edgar Mora Reyes

Arte: Oscar Chávez

Parece “normal” el entorno relativista y de falta de compromiso en el que vivimos que repercute en las injusticias sociales y gran corrupción de los diferentes países y sociedades.

Cuando hablamos del ser humano no podemos ser simplistas y dar un par de razones para explicar el comportamiento de la persona en determinado momento histórico, sin embargo siempre es necesario el diálogo serio y formal.

El aumento en las fracturas familiares son un punto de partida interesante, independientemente de las instituciones oficiales, ya que el fenómeno de ruptura social antes mencionado deja a los integrantes tratando de superar esta dificultad (a veces durante toda su vida) y olvidando al menos de manera inicial la educación de virtudes que básicamente enseña a la persona a ser fuerte.

La virtud va muy ligada con el éxito, a diferencia de lo que nos enseñan los medios, el éxito del hombre consiste en serlo en la máxima medida posible: si el deportista está hecho para el gran testimonio en el esfuerzo y la disciplina en todas sus dimensiones, debe de serlo mas allá de lo exigido socialmente, ya que depende directamente de las potencias de la persona: voluntad e intelecto, además de la actividad deportiva.

Esta es la clave de la felicidad, pero no de una manera cientificista: x+y=z (incluyendo todas las variables posiblemente demostradas): llamamos felicidad al desarrollo o expansión de la actividad del espíritu, los espiritualistas complican el asunto ya que cometen errores totalmente humanos al dejar de lado precisamente las potencias humanas y la caridad (factor fundamental en el amor), donde las supersticiones desordenan las prioridades y pensamientos de la persona, algo diferente sucede con la religión, donde mas bien arraigan los valores mas profundos del ser humano en todas sus dimensiones.

El uso de los bienes necesarios (y convenientes) se deben usar en medida en que amplían nuestra capacidad de ser hombre, no al contrario. San Juan Pablo II lo ha dicho en Sollicitudo rei socialis: “Los verdaderos bienes son los que abren horizontes al hombre”, hay que complementar que sin embargo en el seno familiar se debe de enseñar que existe una riqueza que enturbia el alma, como lo mencionó Octavio Paz: “la tristeza y la angustia de los europeos y de los norteamericanos no viene con la falta de comida sino de la abundancia de bienes”.

Vivimos, muchos de nosotros, en sociedades enfermas, donde incluso las ideas y las personas son, equivocadamente, bienes manipulables, y la fractura social de la mas íntima e importante célula social, la familia, nos deja navegando en un mar bello, profundo y complejo, donde surcamos sin ninguna dirección, y esto genera en una lejanía de la realidad:

  • La velocidad no es sinónimo de un progreso que valga la pena
  • Erroneamente nos enfocamos en satisfactores y no en las virtudes
  • Las tecnologías son una herramienta mas que debería acercarnos a la realidad humana, muchas veces nos aleja al vivir en sociedades enfermas y desordenadas
  • La prosperidad nos ablanda
  • La insolidaridad nos empequeñece y encierra en nosotros mismos (ir de marchas y colocar tags en las redes sociales no nos vuelve solidarios, la solidaridad requiere virtud)
  • El hombre requiere riqueza del alma antes que la riqueza de bienes

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