Por: Jorge Edgar Mora Reyes

“Corresponde determinar qué clase de hombre hay que ser para tener derecho a poner la mano sobre la rueda de la historia”

Max Weber.

Conviene diferenciar, necesidad natural con demanda.

Es claro que muchos “super empresarios” y varios publicistas han logrado confundir, me imagino que primero a nivel personal y después a nivel profesional, el concepto de necesidad por demanda. Cuando una necesidad es cubierta, al ser satisfecha, el hombre se percata de cuan necesaria era esta necesidad para él, hay necesidades de orden material como el comer o de orden espiritual como el instruirse. Vivir en sociedad, sentirse amado, comunicarse, perfeccionarse, estas si son necesidades.

La demanda no es necesaria, la demanda tiende a ser caprichosa, poco humana en el sentido del egoismo que nos aleja de la alegría y felicidad a costa de nuestros seres queridos…no es una exageración, es el punto de partida para muchos vicios, todo esto con su justo matiz. Por ejemplo:

Un adolescente puede demandar una droga, sin embargo cualquier droga, incluyendo el alcohol puede ser catastrófica en casi cualquier estado de exceso, pero sobre todo a una tierna edad donde la transformación y re invención de la personalidad está en un etapa sensitiva inestable, esta demanda, claramente, es un peligro para el adolescente. Cualquiera puede demandar cosas, sea objetivamente malo para la persona o no.

Los empresarios se han aprovechado de estas “demandas” superfluas, y así la literatura reinante en el mundo de los negocios generalmente va dirigida a “reforzar” esta idea de confusión incompleta centrada en la manipulación y el comercio y no en el cliente,y mucho menos en la persona.

Existe una teoría, que me parece acertada, donde se dice que las verdaderas necesidades del ser humano, que vive en una sociedad materialista y compulsiva, se encuentran dormidas, pero al observarlas en la publicidad despiertan cierta demanda que debe ser cumplida, esto genera al mediano plazo cierto vacío, ya que no se llena la necesidad de tender a la trascendencia con un simple vestido bonito o un “gadget” de última generación, ni siquiera invirtiendo en docenas de empresas innovadoras y disruptivas (hablando de los inversionistas) o de varios “bienes raíces” (hablando de la excesiva búsqueda de seguridad vía bienes materiales).

Es curioso, pero cuando observamos a los “artístas” de hoy, me parecería que las personas comunes observan personas “feas” y poco virtuosas que fácilmente son identificables con un estilo de vida deprimente y degenerado, como muchas culturas de “hoy”.

En cuanto a los “super” empresarios, se puede analizar un estilo de vida “sencillo” y ostentoso a la vez, con geniecillos de pacotilla vendiendo una “tablet” que podría parecer un producto inacabado que aporta poco a la hora de la verdad. El sistema económico “estimula” estas demandas superfluas y “eleva” a estos “super” empresarios ya que tienen la habilidad de despertar la infantil inquietud de un niño dormido en cada persona y la bestia que llevamos dentro no tan dentro.

Los no tan “nuevos” ídolos de hoy (arte, política, empresa, etc.), con un poco de análisis en sus “dimensiones” o características  humanas y reflexión podrían encontrarse con un camino fútil, inútil y vacío, hablando por supuesto de su altura moral.

En contraste, podemos encontrar frases y acciones poderosas en nuestro día a día y de manera cotidiana, ahí, donde seguramente encontraremos necesidades verdaderas:

“–La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”

San Josemaría Escrivá

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