Autor: Jorge Edgar Mora Reyes

Arte: clement127

Me sorprende la poca capacidad de solidaridad en la que vivimos como sociedad. Al parecer esto es solo evidencia de otros muchos males.

Generalmente se puede observar en la industria, en el mercado comercial, en el deporte e incluso en el mundo académico, artístico e “intelectual”, una corriente popular generalizada por auto-justificar los errores y la falta de empatía frente a los demás.

Simplemente se voltea hacia otro lado, sin querer conocer el nombre de la persona que me atendió, del vecino, del accidentado en la motocicleta, del niñ@ pidiendo limosna, sin investigar a fondo las propuestas de los políticos, y muchos etcétera más. Simplemente preferimos comprar un momento de placer (que en si mismo no es malo), como ir al cine o unas papas y un refresco en vez de apoyar a causas humanitarias, nunca en mi labor como promotor de la labor social nos había costado tanto trabajo conseguir apoyo o caridad, que involucra no solo recursos económicos o físicos, también tiempo, esfuerzo y compromiso, cada vez son menos las personas caritativas y cada vez mas las personas que en su ignorancia atacan a las instituciones que organizan labores sociales y humanitarias.

Entre paréntesis puedo decir que entre más divorcios, fracturas familiares e ideologías haya en México menos apoyo existirá, menos solidaridad habrá, de sinergia menor ni hablar, ya que, el hombre o la mujer aprenden a ser personas en casa, en familia, donde se educa en la libertad, en el amor y en la fe. Para esto se requiere de tiempo y calidad de papá y mamá, y no solo dinero o cosas materiales. Evidentemente este argumento no toma en cuenta las circunstancias o fenomenologías particulares de cada caso, que es tema para otro momento.

Ya en otros escritos me he referido a la moda de los “zombis”, y de la literatura tan barata, superficial y aburrida que surge partir de esta actualidad, sin embargo me queda claro, a la luz de la antropología filosófica que como sociedad, muchos de nuestros miembros, me atrevería a decir que los más, actúan como zombies, y nuestras instituciones y empresas, de las cuales somos parte también, influyen en gran medida para que estos errores, accidentes y tragedias sociales sean posibles.

Todo esto acarrea una miseria profunda que afecta la dignidad y la moral, no solo para los que reciben las injusticias, sino también para los que las permiten, en todo caso habría que observar el alto nivel de suicidios en los países llamados de primer mundo, que tan “cómodamente” viven.

El vacío existencial, del cual se habla ya muy poco, parece aumentar, recordando al ser humano que sin unidad, comunicación, o sin solidaridad no se puede entender profundamente a la persona la cual es social, vive en comunidad, se comunica, es política, tiende al trabajo, y siempre está en la búsqueda de la trascendencia y de Dios. Este vacío no lo pueden llenar las cosas materiales, ni los animales, ni mucho menos el prestigio, el carisma o el grado académico. Así son los zombis que nos muestran los “creativos” (que nunca han sido símbolo de intelectualidad): vacíos, con un cuerpo, siempre con hambre, caminando, sin un sentido, con la mirada perdida, movidos por el instinto de alimentarse, sin un nombre, emitiendo gritos y quejidos, solo son un “número” más, y peligrosos en “manada”,  dejando pasar todo por lo que vale la pena vivir, sin intelecto, sin voluntad, nada mas acorde a muchas realidades de nuestra existencia contemporánea.

Las razones que atribuyo para el comportamiento “zombi” son las siguientes:

  1. Se nos olvida que tenemos la potencialidad de ideas universales (no solo ligadas a lo cuantificable) y por lo tanto podemos observar el “horizonte”, con toda la libertad que esto requiere y capacidad de abstracción. Hoy, en general solo pensamos en casos concretos, en lo instintivo, en las capacidades, olvidando que las ideas universales superan a la materia y a las circunstancias.
  2. Con tanto ruido y actividades nos olvidamos que como personas poseemos ideas espirituales. No todo es medible y objetivo, convivimos con lo subjetivo y también conocemos realidades que no existen en lo material: la sabiduría, la verdad, el amor, la amistad, la bondad…
  3. “Nunca en la historia humana, se ha aceptado de manera masiva, como hoy, que el hombre no es libre porque es animal” (C.Llano), siendo así, el pretexto es que no sabemos lo que somos, e impresionantemente salimos a la calle en “comparsa” y con carteles para celebrar a la ignorancia y la injusticia. No se reconoce la ley que conecta en nosotros el estímulo y la respuesta, simplemente, nos dejamos llevar…los medios de comunicación, incluyendo las redes sociales, celebran el poco dominio de los actos de las personas, aunque el resultado sean tragedias y crisis sociales.
  4. Hemos quitado del diccionario, la praxis y del diálogo cotidiano la consciencia moral, ahora nos colocamos en manadas, sin recordar que el hombre y la mujer son personas, trascienden el concepto de animal, no solo por la boca maleable para comunicarse, y por las acciones multiformes del ser humano, sino por la reflexión y consciencia como evidencia del alma…hoy los zombificados padres de familia, hijos, estudiantes, maestros o directivos, empleados, pareciera que no tienen alma, incluso, aunque pareciera tengan una causa o sentido de lucha.
  5. Capacidad de acumular conocimiento, lo cual es potencial infinita de progreso.

Y hasta ahí de la simpática metáfora.

Quedo a sus órdenes en mi twitter: @emorar y en el foro del presente blog.

Saludos, y hasta la próxima.

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