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Por: Jorge E. Mora Reyes

Existe una gran diferencia entre “Juan es Mexicano” a “creo que Juan es Mexicano”, no es lo mismo, “es mi familia” a “creo que es mi familia” y mucho menos es lo mismo “es mujer” a “creo que es mujer”.  Esta precisión hace una gran diferencia en la vida cotidiana de muchas personas, donde, en masa, si no se busca honesta, humilde y consistentemente la verdad, toma una fuerza impresionante, desgraciadamente, destructiva.

“El lenguaje posee el fantástico poder de abarcar y comunicar la realidad con una facilidad pasmosa. Todo lo abarco y todo lo puedo expresar mediante palabras: lo que existe (Sevilla), lo que no existe (Pinocho), lo que existió (Troya), y lo que puede existir (el próximo verano)” (Ayllón, J.R.). 

El lenguaje es el principal medio de humanización, parte necesaria, fundamental para la formación del intelecto.

Pero, ¿qué sucede cuando el predominio de la sociedad, no es descubrir la verdad, sino por el contrario, usando el lenguaje indirecto, como concepto comunicativo, predomina la opinión o la precariedad del yo, la percepción, la sociedad y las personas se reflejan a si mismas en las cosas?

El resultado es grave y complejo, como complejo es el hombre, las personas no se reducen a las cosas utilizables, pero el hombre puede pensar (e incluso “argumentar”) que se puede reducir a si mismo, a los demás y que la realidad es eco de su reflejo personal: decadencia intelectual y social.

Un discurso actual muy común es: “me parece que esto es bueno, pero todo es relativo”, ningún sistema o estructura social tiene futuro si no existen bases solidas, definidas que aporten congruencia y consistencia, es precisamente por eso que la verdad requiere búsqueda, descubrimiento, pero sobre todo el lenguaje adecuado, estructura.

“La verdad está decayendo en sentido: el valor de una expresión vale lo que vale su sentido, pero no vale ya lo que vale la verdad” (Llano, C.) lo que apunta Don Carlos Llano es el paso de lo apofántico -de lo manifestativo- a lo semántico -a lo comunicativo de un sentido-, donde se puede percibir la decadencia linguística y de comunicación al, neciamente, poner a la realidad como opinión y no como es, la verdad.

Desde la locura del racionalismo Kantiano hasta el discurso decadente de Sartre (solo por mencionar algunos), miles de personas han dejado de buscar la verdad, posiblemente enamoradas de la auto justificación reinante en dichas ideologías filosóficas, que precisamente han detonado en un desprestigio en la ciencias del hombre. El absurdo ahora es moda, una vez mas Don Carlos Llano lo plasma exquisitamente: “Las cosas (la verdad) pierden primacía, sustituyéndolas por la importancia (el sentido) que tiene para mí”, si el problema no tiene importancia para mi, o las injusticias, o las mentiras, la corrupción, entonces no tienen sentido, es más, lo ataco y descalifico. Así funcionan las masas, lo mainstream, lo populista, la gran mayoría de nuestra sociedades y sus “burbujas” -sociedades cerradas que creen que la realidad es solo como sus miembros la perciben-.

La búsqueda de la verdad, la formación del intelecto, de la voluntad, la experiencia, el conocimiento personal, del hombre y la historia apenas son respuestas atinadas a lo que sucede. Evidentemente la felicidad y la lucha contra la injusticia esta en juego, ya que una persona engañada solo pretende ser feliz, pero sin conocer la verdad, solo vive engañado, curiosamente ahora la ignorancia voluntaria reina en nuestro actual momento histórico.

El volumen y la dinámica de la información no hace mas que complicar la comunicación, ya que cualquier persona (ignorante o con cierta patología) puede substituir la verdad, cobardemente, por una percepción de la vida personal, una “realidad” sesgada, en todas las dimensiones humanas (desde la familia hasta las instituciones).

Hemos de evaluar y reflexionar como sociedad el fondo de este proceso de decadencia en la búsqueda de la verdad, la transformación del hombre contemporáneo y la sustitución de la verdad por el sentido, de la realidad por el yo.

Esto, no es nuevo, lo nuevo es que no recordemos que toda civilización que ha dejado de buscar la verdad y se ha dejado seducir por las opiniones e ideologías (que se alejan de la verdad y simplemente son ideas de una mente desordenada) han desaparecido, una ejemplo claro es la ideología de genero, que al día de hoy quiere cambiar el concepto de matrimonio, que tiene sus raíces etimológicas del latín “Matrimonium”.

Lo curioso es que, por muy sencillo que parezca, la sociedad no parece querer entender, lo sencillo que es la biología en este sentido, ya ni si quiera hablemos de teología o filosofía. Y como suele suceder, me parece, otra vez, como siempre pasa, que detrás de esta manipulación hay dos tipos de actores principales:

  1. Aquellos que tienen intereses económicos y de poder
  2. Aquellos que por la falta de carácter son fácilmente manipulados, en la búsqueda continua de una paz fugaz, que precisamente otorga la auto justificación y la compra de bienes y servicios

De alguna manera me suena a oferta y demanda, reglas de mercado, en un sistema desarrollado por hombres y mujeres, y por ende, corruptible, a diferencia de la verdad, la cual, simplemente es, la entendamos o no.

Sin embargo, la pregunta a contestar, a pesar de mis respuestas e hipótesis simplistas, es la siguiente:

¿Cuales son las razones por las que las cosas han llegado hasta tal punto?

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