Por: Jorge E. Mora Reyes

Imagen: Heinrich Hofmann, Christ and the Rich Young Man

Platicando con mi  antes entrenador de basquetbol en la universidad intercambiábamos ideas sobre la falta de liderazgo que se cierne en los equipos deportivos, con mucho talento y gran desarrollo atlético, pero con poco liderazgo. Calificamos en ese momento al liderazgo como aquella persona (s) en la “cancha” con carácter que no se deja dominar por las circunstancias, que por lo general se preocupa por los demás, genera empatía (comprender a los demás), promueve la unidad y comunica los objetivos por los cuales hemos formando el equipo, pero sobre todo demuestra humildad, sin humildad no se puede ser líder, tal vez jefe, tal vez un gran profesionista, pero no un líder.

En mis días como entrenador de atletismo (110 con vallas y 400 con vallas) mis mejores atletas nunca fueron aquellos de posición económica acomodada, tampoco los que eran altamente competitivos,   ni mucho menos aquellos que les importaba el triunfo, mis mejores atletas, sin observar demasiados factores siempre eran aquellos que les inculcaron en familia la continua lucha contra la adversidad, la humildad (sobre todo demostrada por el padre de familia), y  siempre tenían motivos trascendentales, les importaban los demás. Estos atletas no siempre ganaban, pero siempre estaban felices, motivando e inspirando a los demás miembros del equipo, incluido al entrenador, estos atletas logran llegar,  en mi experiencia, al alto rendimiento deportivo, profesional y personal.

En el atletismo se requiere un trabajo de equipo complejo, ya que una persona corre en la pista, pero detrás hay: compañeros de equipo, entrenadores, coaches, psicólogos, educadores, consultores familiares, asesores, fisioterapeutas, médicos, padres de familia, etc. Si esto es solo en el atletismo, imaginémonos lo que hace falta para hacer un buen trabajo en lo profesional para aportar en lo social.

En el area institucional y empresarial existe un afán de protagonismo desmedido, ya sea consciente o inconsciente, se compite no por “crecimiento” personal, sino por mostrar quien vale mas, quien manda mas, quien es el mas importante, desde los deportes infantiles hasta las área laborales, en las empresas  (donde muchas veces se fomenta la envidia) e incluso en las familias.

Al parece no entendemos eso de “los últimos serán los primeros”. Somos tan atrevidos que nos comparamos con cualquiera, como si no fuera suficientemente malo compararse con alguien, es por eso que hay pocos líderes, todos desean ser el mas importante, el mas poderoso, que se nos cumplan todos nuestros caprichos, estamos llenos de soberbia, en menor o mayor medida.

Parafraseando a San Agustín, “si me comparo con los de arriba me deprimo, si me comparo con los de abajo me lleno de soberbia”.

“El primero de todos, es el servidor de todos”, esta es la humildad de los líderes, que se necesita observar en todas las dimensiones del ser humano, en la política, en la comunidad, en el deporte, en la empresa, pero sobre todo en la familia, ya que lo que sucede en la familia se traslada a la práctica social.

La humildad de saber que todos dependemos de todos, que cada miembros es importante, insustituible y a pesar de lo que piensen los empresarios de hace 40 años, todos son indispensables, todos.

La humildad de servir proporciona alegría, alegría que hace felices a los demás, esta es la medida, proyectos magnánimos que engrandezcan el corazón, apertura a la vida y alegría que se demuestra día a día, a pesar de las contrariedades, si no hay paz interior, no parece que haya humildad, si hay exceso de estrés, no hay humildad, si hay enfado, no hay humildad, etc.

Importante significa tener una vida valiosa sirviendo a los demás amando a los demás (arriesgándonos a sufrir), poner todo lo que soy, todo lo que tengo a disposición de los demás, ¿tienes una vida valiosa?

Dedicado: A un buen amigo.

Inspirado por la meditación de: Jesús Higueras, “La humildad y servicio a los demás transforma el mundo”

Mi twitter: @emorar

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