Por: Maestro Jorge E. Mora Reyes

Competencia, testosterona y chimpancés. Ilustración de Ignasi Cusí

Todo buen director sabe que dirigir no es gestionar personas como si fueran cosas, saben que las personas no son medios para conseguir algo, y por supuesto saben que la cultura del éxito, de la prisa, de la libertad mal entendida, del consumo, del hedonismo y el de la realización profesional son obstáculos para dirigir adecuadamente, ya que dificultan la educación, y sin educación, no se puede crecer, no se puede mejorar, y luego entonces, no se puede dirigir personas, tendríamos que conformarnos con dirigir robots, cosas, sistemas, pero no personas, esto no sería dirección, sino operación. Así no funcionan las empresas, ni las personas en su naturaleza.

Independientemente de aquellos países que desgraciadamente promueven una visión “cosificante” de las personas (por, me parece, motivos e intereses económicos y de poder) históricamente se ha demostrado que “entre mas distancia” de la concepción de la “libertad comprometida”, mas alejados estamos de la felicidad, del servicio a los demás y del amor verdadero. La persona no es un medio, es un fin en si mismo, singular, querido por Dios, su padre.

Muchas personas podrían decir, pero competir es bueno, en realidad se educa para vivir, no para concursar. Otras podrán decir, pero el éxito es necesario, en realidad la cultura del éxito (incluidas las lecturas, instituciones y programas que lo promueven) solo fomentan el egocentrismo, la ansiedad y la baja tolerancia a la frustración. ¿Y que pasa con el tiempo es oro?, la cultura de la prisa, fomenta la irreflexión y el activismo hacia ninguna parte, incluso aquellas actividades de filantropía que en su gran mayoría tienen poco o nada de caridad o misericordia. Algunos inocentes comentarán, si soy bueno en mi trabajo, entonces merezco ser visto como el mejor y ganar más, y más y más…la cultura de la realización profesional y el éxito por lo general está por encima de realidades mas valiosas, como la solidaridad en el trabajo, el cariño fraterno,  el amor, la amistad honesta, la unidad, la familia…la familia.

¿Alguien educa para el amor y la libertad? Me consta que sí, pero cada vez menos, sobre todo padres (incluyendo mamá claro está) que les toca esta educación.  Hay que replantear los métodos y formas de la educación, desde casa, evidentemente.

Anuncios