Por: Jorge E. Mora Reyes

Imagen: Frank Nitty

Dice Andrew Hargadon, autor, conferenciante, directivo y profesor de la escuela de graduados de emprendimiento y tecnología en la Universidad de California:

Para muchos 20 años de experiencia es un año de experiencia repetido 20 veces

Algo que me gusta de entrenar atletismo, en específico del decatlón, es que siempre hay un reto nuevo, ya sea en las vallas, en el salto con garrocha, el lanzamiento de disco, etc. Nunca te aburres, los entrenamientos nunca son iguales, en ningún sentido. Por otro lado, nunca estas cómodo, déjame explicarlo, el deporte bien hecho, para mejorar, te debe hacer sufrir, te debe hacer salir de tu comodidad, del confort, por eso he de confesar que muchas veces el alto rendimiento es una “isla semi desierta”, ya que todo el tiempo estas incómodo, luchando, investigando, entrenando, sufriendo un poco más cada año para mejorar tus marcas, independientemente del talento, comiendo sano, levantándote mas temprano, organizando una agenda impecable para hacer lo importante y también hacer el entrenamiento…en realidad el verdadero deportista comparte con pocas personas esta pasión, de ahí mi metáfora con la isla, pero no deseo dar un mensaje erróneo, vale la pena. Aquellos que comparten esta pasión suelen ser amigos de por vida y generalmente llegan a ser muy exitosos en otras dimensiones además de lo deportivo.

Pues así me imagino el trabajo profesional, si estas  cómodo, con cierto tiempo libre, si tienes tiempo de ver tu WhatsApp y además revisar tus “inversiones” online, o tiempo para preparar tus próximas vacaciones, amigo mío, casi con seguridad habrás caído en la ineficiencia, perdido en el rumbo profesional y si tienes un temperamento irascible, posiblemente tengas problemas para dormir y un alto nivel de estrés y ansiedad, causado por un círculo vicioso de improductividad y falta de reto en tu trabajo, malgastarás muy mal tu energía.

Otro espectro es el de los profesionistas que luchan por sobrevivir en solitario.

Imagina esta espiral de acontecimientos:

  • Hago una carrera universitaria
  • Trabajo mucho
  • Cobro mucho y después de unos años realizo una maestría
  • Emprendo un pequeño negocios y con mi finiquito vivo bien mis últimos años

Este escenario por lo general está lleno de años aburridos, poco aprendizaje, auto-justificaciones profesionales, murmuraciones, burbujas intelectuales (llenas de dogmas personales y juicios sobre los demás), alto nivel de estrés, con cierto miedo a perder el trabajo, desgaste emocional gestionando la relación con los jefes, los cuales pueden ser poco inspiradores, que además están en su puesto varias décadas cuidando de no llenarse de talentos superiores para cuidar el status quo y su posición en el organigrama.

Hace algunos años, un querido amigo, subdirector de una institución educativa se molesto conmigo cuando le sugerí que cambiara su minucioso proceso de selección de personal que conseguía profesionales sobrecualificados para empujarlos a un sistema que no desplegaría su potencial humano, personal y profesional, le pedí como su consejero que no se dejara llevar por la inercia cultural de los datos y administración rígida. Desgraciadamente no fui lo suficientemente persuasivo y al cabo de 2 años han tenido una rotación de personal  sumamente alta y sus clientes, aunque han aumentado, tienen un perfil más bajo a nivel formativo y la institución está llamada al inminente desprestigio a mediano y largo plazo, lo he visto ya un par de veces, espero equivocarme esta vez. Mi amigo se ha dejado llevar por la presión cultural y se ha vuelto un lobo solitario dentro del Olimpo de su institución.

Con esto quisiera abrir la reflexión: si tuvieras opción, ¿qué te gustaría ser, un lobo solitario o un maestro inspirador?

Alvaro González Alorda en su libro “Los próximos 30 años” menciona lo que es un ejecutivo de nivel máximo, un maestro inspirador:

Crea grandeza con una sugerente combinación de firme determinación profesional y de humildad personal

Añado que el maestro inspirador no necesita pedir desesperadamente algo de autoridad por medio de un currículum: soy un gran empresario, soy muy feliz, tengo muchas empresas, me han otorgado el doctorado honoris causa, soy, soy, soy…en el fondo al parecer estas personas se han equivocado pensando que lo accidental es lo esencial y no han mejorado ni en lo más básico: lo importante es la persona, no lo que haga o tenga. Lobos solitarios con hojas de vida rimbombantes que  demuestran la inseguridad con la que cargan, en realidad a nadie le interesan semejantes logros y menos a personas con carácter.

El maestro inspirador, sirve a los demás, sin desplantes, sin traumas, usa su talento y su vocación para ser mejor, para encontrar nuevos retos y sin necesidad de decirlo, ser alegre, realista y optimista, definitivamente muy lejano a una vida profesional plana, que incluso puede estar llena de éxitos profesional, típicamente mundanos, pero con un gran vacío existencial que no le permite acceder a realidades más trascendentes.

Y tú, ¿sigues creyendo que te subes a la torre de marfil y puedes arreglar el mundo?, ¿qué eres el innovador de la empresa?, ¿qué sin ti toda la institución se iría al caño?, ¿sigues esperando un puesto en el Olimpo de tu empresa?…

Te animo que imagines por un momento qué valor real le aportas a las personas, a tu comunidad inmediata y les preguntes si es verdad lo que crees de ti y tu aportación o ¿vives en una ilusión?, ¿tienes el valor?, este ejercicio puede ser impactante, pero te aseguro que te aportará.

De nuevo te pregunto, después de esta reflexión tuya y mía, ¿Cómo es tu vida profesional, plana o plena?

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