Por: Maestro Jorge E. Mora Reyes

Hace una par de semanas tuve la oportunidad de dirigir un coloquio a catedráticos de educación superior.  Esta charla tenía como tema central la dirección de instituciones educativas basada en la misión.

Si hablamos de la misión de la empresa o institución, evidentemente hay que hablar de la misión personal de cada uno de los miembros y de la visión compartida, si hablamos entonces de que cada persona tiene una misión única e irrepetible que podría compartir con la organización a la que pertenece, podríamos hablar de trascedencia, amistad y productividad. Si entendemos esto como sociedad, podríamos hablar de ambientes organizacionales y culturales centrados en las personas y no en los sistemas, tecnologías o tecnocracias.

Lo contrario a esto es la vida insensible y egoísta. La estrategia de los delincuentes para  bloquear su consciencia es la de evitar ver a una persona en la víctima, intentan creer que es una cosa, un ello en el mejor de los casos, no un tú.

Algo así sucede con las personas que deciden no seguir las reglas que como sociedad hemos decidido colocar para vivir en armonía o que sabemos o creemos nos acercan a la civilidad, estas personas tienen un deseo de defender su comportamiento egoísta que resulta en enfado y resentimiento a tal grado de incluso pensar cosas tan increíbles como: -“Qué desconsiderado es mi hermano que tiene cáncer, mira que enfermarse en mi cumpleaños”. -“Qué loca es la gente, si tengo que meterme en fila es porque mi tiempo es muy importante, además tengo que mover el carro porque lo puse en doble fila”, y así podemos enumerar acciones cotidianas “fortalecen” el círculo vicioso mental, donde el intento de defender lo indefendible es cada vez más común.

Como sociedad, al parecer, hemos olvidado las lecciones del pasado y promovemos lo sentimental por encima de lo racional, incluso en el terreno del amor, evitamos hablar de voluntad e inteligencia y provocamos hablar de sentimientos. Esta necesidad de justificar lo que estamos haciendo mal surge cuando traicionamos nuestro sentido del bien (el cual es universal), y entonces transformamos nuestra actitud y por lo tanto a nosotros mismos.

Como nota aparte, me parece que el etiquetar a la generación milenial es un esfuerzo por evitar hablar de lo que estamos haciendo mal todos, en torno a la educación y la familia, es mas fácil encapsular y segregar que con disciplina trabajar por lo que debe ser y no por lo que nos gustaría que fuera.

La persona egoista evita ver al Tú y prefiere tratar con Ello. Dice Overstreet, “Para las personas inmaduras, los demás no existen”.

Para evitar este egoismo, que al final promueve la intranquilidad, ansiedad y hasta depresión conviene tener en cuenta las características de las personas que se preocupan por los demás, aquellos que ven al “TÚ”:

  • Interesados en los demás
  • De mente abierta
  • Se alegra del éxito de los demás
  • Seguro, en paz
  • Ve los demás como amigos
  • Confiado
  • Sincero
  • Generoso
  • Entusiasta
  • Atento
  • Sereno
  • Flexible
  • Centrado en los demás
  • Complaciente
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